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Escrito por Redacción, Provincias
Dominicanas: 14-09-2005
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Teodoro Chassériau nació en 1819 en El Limón, en la costa
Norte de la península de Samaná, región que ha tenido una historia muy
rica y que vale la pena contar.
El contacto con los indios
En realidad, Samaná no era una península, sino una casi-isla o “presque-isle”,
como aparece en múltiples mapas franceses y españoles, pues hasta
aproximadamente mediados del siglo XIX el actual gran estero, que corre
entre Sánchez y la costa del Atlántico, al este de Nagua, era totalmente
transitable en botes, por lo que Samaná estaba rodeada de agua por todos
sus costados.
Un mapa de 1508, apenas dieciséis años después del descubrimiento,
nombra la casi-isla como Xamaná y perteneciente al cacicazgo de Hyabo o
Huhabo. Cristóbal Colón pasó por la costa Norte de la península, y por
supuesto al Norte de El Limón, durante su primer viaje, y al bordear un
cabo que denominó El Cabrón y que aún lleva ese nombre, entró en la que
hoy es conocida como la bahía de Rincón para sostener allí, el 13 de enero
de 1493, la primera escaramuza con los indígenas del Nuevo Mundo, donde
también por primera vez sangre indígena fue derramada por los españoles y
hasta tal vez murió el primer indio a manos de ellos. El denominado
“golfo de Las Flechas”, llamado así porque allí los indios usaron por
primera vez flechas contra los españoles, está ubicado en esa bahía de
Rincón, ligeramente al Norte del actual poblado de Las Galeras, aunque por
muchos años se pensó erróneamente que el golfo de Las Flechas estaba
frente a Cayo Levantado, en la costa Sur de la península de hoy, o
casi-isla de ayer. El nombre de “Las Galeras” proviene del hecho de que
allí en la segunda mitad del siglo XVI se fondeaban dos galeras, es decir
buques que eran impulsadas por remeros condenados mayormente por la
inquisición, enviados por el rey de España para evitar el contrabando y
luchar contra corsarios franceses. El lugar cercano al actual poblado de
Samaná denominado “Carenero” probablemente era utilizado para carenar
(limpiar, reparar) esas galeras.
Desde el golfo de Las Flechas, Colón partió hacia Europa para avisar
sobre su descubrimiento, llevándose con él a varios indios.
Ese mismo golfo fue también el lugar de la isla Española al que arribó
Colón en su segundo viaje, el 12 de noviembre de 1493, enterrando allí a
un español que había muerto en lucha contra los indios al Este de la isla
de Puerto Rico. Uno de los indios que se había llevado de Samaná retornó
con Colón en ese segundo viaje. Mayobanex, el cacique de Xamaná, era muy
leal a Guarionex, cacique de la zona del Cibao. Este último, después de
utilizado por los españoles en varias excursiones en tierra firme, se
lanzó y buscó refugio en Samaná. Por ayudar a Guarionex, Mayobanex fue
perseguido en 1499 por unos treinta españoles encabezados por Bartolomé
Colón y localizado en una cueva en el lugar hoy conocido como El Valle, a
pocos kilómetros al Este del El Limón. Para engañarlo, una docena de
españoles se quitaron la ropa y se tintaron (se embijaron) para hacerse
pasar por indios, tapando sus espadas con hojas de palmas. Poco después
todos los indios desaparecieron.
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Samaná, tierra de esclavos cimarrones
En 1523 los hermanos Jean
y Rouel Parmentier, naturales de Dieppe,
Francia, arribaron en sus barcos a Samaná,
describiéndola como una zona habitada por
negros salvajes, es decir por esclavos
africanos traídos a la fuerza a la isla a
partir de 1510 quienes se habían rebelado y
huido a la parte más distante y agreste de
la misma. Describieron cómo todos andaban
desnudos “excepto un pequeño pañal delante
de sus partes vergonzosas y se defienden con
sus arcos y flechas, de manera que los
españoles no pueden entrar allí y tienen sus
casas entre árboles a la manera de los
animales”. Como vemos, los indios fueron
sustituidos en la casi-isla por negros
cimarrones, que sin embargo habían adoptado
el arco y la flecha de los primeros
habitantes como método de defensa. En 1545
el rey de España se quejaba de la gran
cantidad de negros alzados en una zona que
luego sería conocida como El Limón: “e que
hay tantos de los dichos negros alzados en
ciertas lagunas que están en la costa de
Samaná, a la parte del Norte, aguas
vertientes hacia la mar, donde dizque tiene
sus hatos Juan Núñez Morán”. Precisamente
las tierras inmediatamente al Este del
actual poblado de El Limón y que poseen una
de las playas más bellas del país, todavía
llevan el nombre de “Morón” y la zona de El
Limón es bien llana y en tiempos de fuertes
lluvias todavía se forman lagunas entre el
poblado y el mar. De hecho, la hoy península
de Samaná se caracteriza por su alto nivel
de pluviometría y por la existencia de
lagunas temporeras. El rey terminaba
diciendo: “conviene ponerse remedio en ello,
y que los negros son gente que tienen
necesidad de gran castigo”. Pero en esa zona
tan aislada y distante, las ya de por sí muy
reducidas tropas españolas en la isla poco
podían hacer. Casi un siglo después, en
1643, el gobernador ordenó un ataque contra
los negros alzados. Al año siguiente los
ingleses trataron de apoderarse de la
península de Samaná. El gobernador mandó a
Rodrigo Pimentel a desalojarlos, pero cuando
llegaron los soldados ya la habían
abandonado. Como los franceses navegaban más
que los españoles por la península, muchos
lugares recibieron primero nombres franceses
que con el tiempo pasaron al español: La
terrienne (La Terrateniente) por Las
Terrenas, Petit Port por Portillo, etc. Con
las devastaciones de 1605 que destruyeron a
los únicos poblados importantes en la costa
Norte, Montecristi y Puerto Plata, era
lógico que los filibusteros y bucaneros
franceses se moviesen hacia la costa Norte
de Samaná.
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Los franceses ocupan Samaná
En 1673 Bertrand D´Oregon,
gobernador de La Tortuga, isla actualmente
perteneciente a Haití y ubicada en su costa
Norte y que en esos tiempos ya habían sido
arrebatada a los españoles por corsarios,
bucaneros y filibusteros franceses, sufrió
la mala suerte de que su barco naufragó en
la costa Norte de Puerto Rico, entonces
territorio español. Allí fue apresado, pero
logró robar un bote y con algunos de sus
hombres cruzó el canal de La Mona y llegó a
Samaná. Para su sorpresa, en ese territorio
también español encontró a un grupo de
bucaneros franceses quienes le ayudaron a
retornar a La Tortuga, desde donde volvería
a Samaná después de un fracasado esfuerzo
por liberar en Puerto Rico al resto de su
tripulación. Después de esa segunda visita a
Samaná, D’Oregon, exigió a esos colonos
trasladarse a lo que hoy es Cabo Haitiano,
en la costa Norte de Haití. Pero éstos, que
habían prosperado con la producción de añil,
se resistieron. En 1687 el gobernador
español de Santo Domingo envió a Samaná a
ciento veinte hombres que apresaron a
catorce personas y mataron a dos, de un
total de veintiséis. Los pocos que escaparon
se fueron a lo que hoy es Haití. Tres años
después, en 1700, el gobierno francés ordenó
a los contados habitantes que aún quedaban
abandonar el lugar. En 1714 soldados
españoles sólo encontraron en Samaná tres
negros huidos de un navío corsario inglés.
En 1690 Jack Banister, un corsario inglés
que se había sublevado, o “levantado” contra
las autoridades inglesas, combatió desde dos
barcos contra dos fragatas inglesas en el
borde de la isla que fue denominada “cayo
Banister” y luego “cayo del Levantado”,
visitado hoy por miles de turistas. Banister
colocó los cañones de sus barcos en el cayo
y con sus doscientos hombres se defendió,
matando a más de doscientos de los marineros
de Su Majestad. Sin embargo, fue derrotado,
trasladado a Kingston, y allí ahorcado. En
1724 los españoles perdieron dos galeones:
“Nuestra Señora de Guadalupe” y “Conde de
Tolosa”, en los arrecifes cercanos a Miches,
en el costado Sur de la bahía de Samaná.
Llevaban mercurio para las minas de oro de
Centro y Sur América y en la bahía habían
buscado, sin éxito, refugio contra una
tormenta. Los sobrevivientes del primer
galeón caminaron a pie por toda la costa
hasta que pudieron llegar a lo que hoy es
San Pedro de Macorís.
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Los canarios llegan a Samaná
Para evitar que franceses
e ingleses se radicasen de nuevo en Samaná,
el gobernador español de Santo Domingo trajo
a un grupo de canarios que en 1756 fundaron
la actual ciudad de Santa Bárbara de Samaná.
Otro grupo de isleños fundó Sabana de la
Mar, en la costa Sur de la bahía. En 1763 el
gobernador general de la posesión francesa
de Martinica, el conde D’Estaing sugirió a
su gobierno que pidiese a las cortes
españolas la entrega a Francia no sólo de
Samaná, sino de toda la costa Norte de la
isla Española, desde Montecristi, para así
aprovechar los fértiles valles de los ríos
Yaque y Yuna. Aunque esas negociaciones
avanzaron, no fueron aceptadas en Madrid. Un
documento preparado por un francés en los
últimos años del siglo XVIII hacía énfasis
en el gran valor de la península y de la
bahía de Samaná para los franceses. En 1782,
el buque francés “Scipion” encalló en el
desde entonces llamado Puerto de los
Ingleses, cerca de la actual Punta Hicaco,
en la costa Sur de la bahía, mientras
luchaba contra tres barcos ingleses. Según
un reporte de 1783 en los archivos
españoles, en el poblado de Samaná existían
unas cuarenta y nueve casas y unas
doscientas quince personas, de las cuales
cincuenta y cinco eran niños. Un sacerdote
suministraba los servicios religiosos. El
interior de la península estaba
deshabilitado. En ese mismo año un viajero
francés de nombre Juan, nacido en Nantes, se
había dedicado allí a la piratería, “carrera
para la cual cobró de súbito un gran horror”
concibiendo la idea de “huir de sus
compañeros a quienes él excedía en crueldad,
refugiándose en un rincón de la península
donde permaneció por mucho tiempo
completamente oculto”. Al cabo de veintidós
años este ermitaño fue descubierto por uno
de sus antiguos compañeros. Los habitantes
de Samaná, impactados por ese gesto del
ermitaño, le convencieron trasladarse a la
ciudad de Santo Domingo, pero allí “no pudo
soportar el ruido del mundo del cual había
estado apartado por más de treinta años y
murió muy pronto”. La ubicación del lugar
donde residía Juan fue denominado punta del
Ermitaño y el islote frente a la misma lleva
ese nombre. Se encuentran a pocos kilómetros
al Este del actual poblado de El Limón. La
playa Ermitaño es hoy visitada en lanchas
por muchos turistas franceses, quienes
desconocen el origen de ese nombre. Tres
años después un funcionario español se
oponía, desde Madrid, a la cesión de Samaná
a los franceses, quienes en recompensa
insinuaban que ese traspaso podría servir,
parcialmente, para la re-adquisición por los
españoles del peñón de Gibraltar.
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La madre de Chassériau
Es dentro de este contexto
histórico que en 1791 nació en Samaná la
madre de Chassériau, hija de Couret de la
Bagniere, un acaudalado francés con
posesiones y esclavos en la hoy Cabo
Haitiano, y quien seguramente se trasladó a
Samaná debido a la rebelión de esclavos en
las plantaciones del Norte de Haití de
agosto de ese año. Esa revuelta duraría diez
años. Según el cónsul inglés Schomburgk,
muchos colonos franceses se salvaron pasando
al territorio español y Samaná fue un lugar
favorito, donde se llevaron bien con los
canarios sembrando caña, café, cacao y
cocos. La abuela de Pedro Francisco Bonó,
por ejemplo, fue una francesa que salió
huyendo de Cabo Haitiano, refugiándose en
Puerta Plata.
Samaná deviene territorio francés
Con el Tratado de Basilea
de 1795, Francia recibió la totalidad de la
colonia española de Santo Domingo,
incluyendo la península de Samaná, a cambio
de ceder sus conquistas en los Pirineos, lo
que hizo que Francia tomase posesión de toda
la isla, dado que España reconoció también
el control de facto por parte de los
franceses de Saint Domingue, la parte
occidental de la isla. Para esa fecha, según
reportaría un francés, en los poblados de
Samaná y Sabana de la Mar habitaban unas
quinientas personas. Sugería que el gobierno
francés construyese en el extremo de la
bahía de Samaná una ciudad “que pronto se
convertiría en el almacén de todas las
ciudades de Europa”. El traspaso a Francia
de la colonia española de Santo Domingo
ocurrió seis años después de iniciarse la
revolución francesa de 1789, hecho que muy
pronto tendría enormes repercusiones en la
colonia de Saint Domingue, donde los
esclavos se rebelarían exigiendo los mismos
derechos de “libertad, igualdad y
fraternidad” que habían inspirado a los
franceses en París. Consecuentemente, en
1793 los franceses abolieron la esclavitud
en Saint Domingue y el haitiano Toussaint
Louverture inicialmente hizo causa común con
ellos en sus luchas contra los ingleses, que
pretendían controlar la parte Oeste de la
isla. En 1798, desde el hoy Cabo Haitiano un
funcionario francés visitó la parte Este de
la isla y alertó sobre la necesidad de que
los franceses ocuparan Samaná para así
impedir que los enemigos de Francia
controlasen el canal de La Mona, que separa
la isla de Santo Domingo de la de Puerto
Rico. Fue la primera sugerencia sobre ese
aspecto geopolítico, pues entre 1844 y 1935,
como veremos, varios malos dominicanos
trataron de convencer a Estados Unidos y
otras potencias sobre la utilidad de
establecer una base naval en Samaná a través
de una concesión de ese territorio.
La revuelta de los esclavos
Entre 1791 y 1801 tuvo
lugar la muy sangrienta revuelta de esclavos
en Saint Domingue (hoy Haití), con la muerte
de cientos de terratenientes franceses.
Muchos pudieron huir al Este de Cuba, a la
Louisiana, a la parte Este de la isla de
Santo Domingo y a Puerto Rico. El autor de
este ensayo, por ejemplo, es descendiente,
por su línea materna, de una familia
francesa que se estableció en Saint Domingue
en 1750 y que huyó de allí al perecer parte
de la familia a manos de los esclavos,
trasladándose primero al Este de Cuba, luego
a Louisiana y posteriormente a Puerto Rico y
a la República Dominicana, residiendo uno de
sus descendientes precisamente en la
península de Samaná. Este es sólo un ejemplo
de los muchos franceses que escaparon de
Saint Domingue (luego Haití) y terminaron en
Santo Domingo. El abuelo materno de Camille
Pizarro, el famoso pintor francés, abandonó
Haití durante la revuelta de los esclavos,
radicándose en la isla de Saint Thomas, al
este de Puerto Rico. Por cierto que Pizarro
visitó brevemente la ciudad de Santo Domingo
en 1850. En 1801 Toussaint Louverture,
aliado todavía de los franceses, invadió la
parte oriental de la isla, controló las
ciudades de Santo Domingo y Samaná, que
entonces contaba con sólo ochenta
habitantes, y unificó la isla. Sin embargo,
Napoleón Bonaparte, quien había llegado al
poder a fines de 1799, tenía otras ideas y
envió una flota con más de ochenta navíos y
58,000 hombres a quitarle a los negros el
control de la isla. La mitad de esa flota,
encabezada por el general Leclerc, esposo de
la hermana de Napoleón, llegó a Samaná en
enero de 1802 y observándola llí Toussaint
exclamó: “no nos queda nada más que perecer
–toda la Francia ha venido a Santo Domingo-
viene para vengarse y para acabar con los
negros –tenemos que perecer”. La guerra
entre los franceses y haitianos duró dos
años (1802-1804). Toussaint cayó prisionero
y fue sustituido por Jean Jacques Dessalines
y Henri Christohe. Los soldados franceses de
Napoleón que habían obtenido la victoria en
Italia y Egipto, no pudieron contra los
negros, quienes tuvieron como aliada a la
fiebre amarilla. Más de cincuenta mil
franceses, incluyendo a Leclerc, perdieron
la vida y los sobrevivientes se rindieron o
huyeron. Saint Domingue declaró su
independencia el 1ro. de enero de 1804,
adoptando el nombre de Haití. En la parte
española de la isla los franceses sí
pudieron ganarle a los haitianos, a pesar de
que debido a la derrota en Haití apenas
quedaron seiscientos franceses en
Montecristi y cuatrocientos en Santo
Domingo. El general francés Louis M. Ferrand,
con sus hombres, tomó la ciudad de Santo
Domingo en 1804. Entonces Cristóbal y
Dessalines invadieron la parte española y
Ferrand organizó la defensa de la ciudad, la
cual fue sitiada en mayo de 1805 por
veintiún mil haitianos durante tres semanas,
hasta la aparición de una escuadra francesa
que se dirigía hacia el Oeste, hecho que
estimuló a los haitianos a levantar el cerco
y volver a Haití presumiendo que dicha flota
iba hacia Puerto Príncipe. Sin embargo, el
ambiente tras el levantamiento del sitio era
tal que muchos dominicanos y extranjeros
optaron por emigrar. Ferrand trató de
reconstruir la colonia promoviendo entre
otros, la plantación de café en Samaná, cuya
población francesa ya en 1808 había crecido
tanto que ordenó la confección de planos
para una ciudad modelo en Santa Bárbara de
Samaná, con jardines al estilo de Versailles,
un palacio, un teatro, fuentes y estanques,
y una Plaza de la Comedia que se llamaría
“Puerto Napoleón”. Una calle llevaría el
nombre de Ferrand, quien conoció
personalmente la región, donde ordenó la
construcción de un fuerte en Samaná y otro
en Los Cacaos.
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Los padres de Chassériau
Entiende Benoit (Benito)
Chassériau nació en La Rochelle en 1780, el
último de diecisiete hermanos de una misma
madre. Su padre, Jean Chassériau, era
secretario general de colonias francesas y
murió en 1785. En 1794 murió su madre,
quedando así huérfano cuando apenas tenía 14
años de edad. A los 19 ya acompañaba la
expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto,
donde fue nombrado administrador de dos
provincias. Su hijo, el pintor, heredaría
esa precocidad. En 1802 llegó a nuestra isla
como parte de la expedición encabezada por
Leclerc. La mitad de los barcos de esa
expedición llegaron a Cabo Haitiano donde
había vivido su futura esposa, Marie
Madelene Courte de la Blagniere (Bladiere,
Blaquiere, según otros textos), quien, como
dijimos, había nacido en Samaná en 1791. El
padre de Marie Madelene era oriundo de Saint
Genes Doet, Averíen y se había establecido
en Saint Domingue donde había prosperado
gracias a su finca y su posesión de
esclavos. Con la revuelta de 1791 se había
trasladado a Samaná y de allí a Santo
Domingo. En la familia Chassériau existía
una vieja tradición de casamientos con
mulatas, como el caso de Benito con Marie
Madelene. El abuelo de Benito, Henry, había
casado en Puerto Príncipe. Su padre también
casó con una “hija de las islas”, con quien
tuvo los diecisiete hermanos. Por el lado
materno, Benito descendía pues de sangre
caribeña. El barón Víctor Federico, un
hermano de Benito, había viajado mucho a
Saint Domínguez, donde casó con una joven
del lugar. Acompañó a Benito en la
expedición de Leclerc a la isla de Santo
Domingo. Tras esa lucha en las Antillas y
otras en España y Alemania, moriría en 1815
en la célebre batalla de Walterloo. Cuando
los franceses fueron derrotados por los
haitianos, Benito Chassériau se encontraba
en la ciudad de Santo Domingo, donde conoció
a sus futuros suegro y esposa. Allí casaron
en 1806, y con su suegro desarrolló la bien
denominada finca “La Perseverancia”, ubicada
en la confluencia de los ríos Ozama e
Isabela. Habpua sido nombrado secretario
general del gobierno, el sexto cargo de
mayor importancia en la colonia, pero según
la propia chancillería francesa “jugó y
disipó la caja pública con alrededor de
30,000 francos”, siendo apresado por Ferrand
y sometido a la justicia. Según Benito,
Leclerc lo había nombrado para “organizar el
servicio del tesoro de la colonia”. Según la
misma chancillería, “uno apellidado Couret,
padre una hija de color con la cual
Chassériau mantenía relaciones, ofreció
pagar. El general Ferrand le concedió la
gracia. Se casó con la muchacha de color y
se fue a esconder a Samaná... El Sr. Couret
aprovechó la difícil situación de Benito
para obligarlo a casarse con su hija, con la
cual ya mantenía relaciones”. Según Benito:
“ella tenía 14 años y yo 22; su padre rico
propietario de la parte francesa, acababa de
ser obligado a abandonar sus propiedades...
Mi suegro, con los esclavos que había
salvado y algún dinero que yo me había
procurado, fundó una nueva finca, que llamó
“La Perseverancia..., en un terreno que
habíamos comprado”. Luego explica cómo se
convirtió “en el único refugio de ese viejo
sexagenario y su familia”. También afirma
que “La Perseverancia” fue destruida por los
haitianos durante el sitio de 1805, pues
Dessalines la utilizó para establecer allí
su campamento. En realidad ese campamento
estuvo en Gaillard (Galá) donde hoy está el
Jardín Botánico. Todas las tierras de la
península de Samaná fueron divididas por
ordenes de Ferrand en cientos de
cuadrículas, desde la bahía hasta el
Atlántico, sin tomar en consideración la
configuración montañosa de ciertos lugares,
y asignadas a franceses para que las
desarrollaran. Un mapa de 1807 “Mapa de la
casi-isla de Samaná dividida en seis
cantones para servir a la colocación de
concesiones otorgadas por el general Ferrand”,
muestra que de esos seis cantones uno era el
de “Port Limón”. Este puerto aparece en
forma exagerada, pues realmente no es tan
grade ni acogedor. También está la islita
Del Ermitaño. En ese mapa ya la casi-isla
estaba conectada a tierra firme, pero en
base a una franja mucha más reducida que la
actual. Entusiasmado por las nuevas
facilidades, Chassériau decidió retirarse
del ejército y seguir a su suegro en su afán
por desarrollar la agricultura en la
península. Explica que su suegro fue de los
primeros en aceptar el plan de Ferrand y
cómo con unos treinta esclavos inició dos
fincas limítrofes y luego le pidió que fuese
a ayudarle. Según un autor francés: “el
cultivo de esta península ofrecía en el año
1809 la perspectiva brillante de una cosecha
de 800 milliards de café”.
La familia en El Limón
Federico, el primer hijo
de Benito y Marie Madelene nació en El Limón
en 1807. El propio Benito, en su
correspondencia a la chancillería francesa,
explica que en El Limón tan sólo estuvo
dieciocho meses y también cita cómo la
revuelta de los dominicanos, encabezada por
Sánchez Ramírez, contra los franceses (en la
cual Benito no tomó parte ni a favor ni en
contra) y que se debió a la invasión de
España por Napoleón, lo estimuló a pedir
pasaporte para trasladarse a Curazao, desde
donde se enteró de la rendición de los
franceses en Santo Domingo. Los dominicanos
fueron aliados de los franceses mientras
estos combatían a los haitianos, pero
devinieron en sus enemigos cuando invadieron
la Madre Patria. La resistencia de Sánchez
Ramírez contra los franceses se inició en
1808, año en que tuvo lugar la batalla de
Palo Hincado, en la que los dominicanos
derrotaron a los franceses. Un escuadrón
inglés de cinco buques fue enviado desde
Jamaica y entró en la bahía de Samaná el 10
de noviembre de 1808 y allí capturó cinco
barcos y, habiendo desembarcado los
ingleses, destruyeron el fuerte de Santa
Bárbara y tiraron los cañones desde la loma
hasta la playa. Cuando el cónsul inglés Sir
Boberto Shomburgk visitó Samaná en 1853,
reportó que varios de esos cañones todavía
estaban en la playa incrustados de arena e
inmovilizados por el óxido. El comandante
francés no tuvo más opción que rendirse y
los ingleses entregaron Samaná a las tropas
de Sánchez Ramírez “bajo la condición de que
los derechos de los habitantes franceses
serían respetados y sus propiedades
mantenidas”. En ese momento la población de
Santa Bárbara era de un poco más de mil
personas. Con la entrega de Samaná, los
franceses sólo quedaron en posesión de la
ciudad de Santo Domingo, permaneciendo allí
hasta su rendición en julio de 1809. Previo
a esea rendición unos doscientos soldados
dominicanos se refugiaron en Samaná con el
propósito de exterminar a los colonos
franceses, lo que pudo impedir Sánchez
Ramírez. Eso debió haber estimulado a Benito
Chassériau a abandonar la península. Todo lo
anterior indica que Chassériau padre
abandonó Samaná antes de julio de 1809,
donde había llegado en 1807. En Curazao dice
que se enteró de que sus propiedades habían
sido confiscadas y los esclavos vendidos.
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Los franceses que se quedaron en Santo Domingo
No todos los franceses que
se ubicaron en Samaná bajo los auspicios de
Ferrand abandonaron el país. En uno de los
planos de 1807 se nota cómo uno de los
terrenos fue concedido a la familia joubert,
con descendencia hasta el día de hoy, y
hasta hace poco residentes en Sánchez, en la
península de Samaná. León Alexandre Joubert
había nacido en Haití en 1799. Leyendo el
listado de los soldados de Ferrand que
estuvieron en Santo Domingo aparecen varios
apellidos de familias que se quedaron en el
país: Robiou, subcomisario de marina de
segunda clase, encargado de la policía del
hospital, del cuerpo de ingenieros y de la
artillería; Lalanne, cuya descendencia
todavía reside en Samaná; Dujarric, ayudante
de suboficiales; Lamarche, capitán
comandante; Bernard (Etienne), coronel
comandante; Pradel (Jean-Baptiste), miembro
del ayuntamiento de la ciudad de Santo
Domingo. El propio Ferrand dejó descendencia
en Samaná. Con menos probabilidades de
descendencia de los soldados franceses son
los apellidos Deveaux, Boucher, Michel,
Vives, Bertrand y Gaillard. Aunque esos
apellidos aparecen en las listas de los
soldados, esas familias bien pueden haber
llegado al país en otras épocas. El apellido
Couret aparece hacia 1829, siendo Antonio
Couret director del Registro de Títulos en
Santo Domingo y con propiedades en La
Isabela. No sabemos si descendía del abuelo
del pintor. También aparece un Juan Pedro
Curte (Curete) cuyo primer hijo nació en
1825. Cerca de la ciudad de Samaná hay un
lugar llamado Curete. Pero en Samaná se
mantienen nombres de lugares que llevan el
apellido de los concesionarios, a quienes,
según los mapas, les fueron otorgadas las
propiedades, pero quienes pronto se fueron
del país. El nombre de la ensenada de Anadel,
al Este de Samaná, proviene de la concesión
dada al Sr. Arrenadere. La ensenada de Clará,
por haber pertenecido a Monsieur Clarac. El
lugar conocido como Tesón, cercano a la
ciudad de Samaná, debe su nombre al hecho de
que allí residió el Dr. Tesón, oficial de
sanidad. El Sr. Trouillo tenía propiedades
cerca de la desembocadura del río Yuna,
lugar que, mucho antes de 1930, cuando
ascendió al poder Rafael L. Trujillo, cuyo
abuelo tan sólo llegaría al país en 1861, se
conoció como “Trujillo”. Después de 1930
algunos de los descendientes de los Trujillo
tuvieron problemas pues se les acusó,
falsamente, de querer ostentar el mismo
apellido del dictador dominicano.
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La aventuras de Benito Chassériau
Benito se fue a Curazao y
luego a Caracas y Saint Thomas. Según un
documento preparado en la chancillería
francesa, en Curazao “abandonó su esposa que
después envió de regreso a París”. Luce que
fue en Curazao donde nació, en 1810, la
primera hija del matrimonio, Adela, quien
junto a su madre y hermano mayor se irían a
París. En Venezuela Benito estuvo
involucrado con Bolívar, así como en
expediciones para asaltar las ciudades de
Porto Bello y Cartagena. En Porto Bello podo
escapar dando todo lo que tenía a un
vigoroso indio quien lo cargó en sus
espaldas. Luego, con un grupo de franceses
atacó Santa Marta, donde violó a la hija de
un cacique, lo que dio al traste con la
expedición. A partir de 1816 y durante unos
dos años, con su esposa ya de regreso de
Europa y con sus dos hijos vivió en
Kingston, desde donde escribió al gobierno
francés en 1817. En Kingston fue recogido
por un francés generoso o quien engañó y que
luego tuvo que declararse en bancarrota.
El retorno a El Limón y el nacimiento del pintor
Después de tantas
aventuras y lograda ya la paz entre España y
Francia, dado el derrocamiento de Napoleón,
Benito decidió retornar a la finca de su
suegro en El Limón. Entre 1809 y principios
de 1819, fecha de su salida y probable fecha
de su retorno a Samaná, la colonia española
de Santo Domingo había pasado por el período
conocido como “la España Boba”. Después de
la reconquista de Sánchez Ramírez y el
derrocamiento de los franceses, el país,
según Frank Moya Pons, “quedó totalmente
devastado” y allí sólo se reflejaba
“desolación y miseria”. Pocos de los que
habían emigrado a partir de 1795 regresaron.
Unos cuatro sargentos franceses habían
intentado un golpe de estado para entregar
la colonia a los franceses, pero habían
fracasado y fueron fusilados. Los franceses,
en 1814 y 1816, también planearon, sin éxito
alguno, reconquistar Haití. Según Léonce
Benedite, “después de numerosas peripecias
debidas a la inestabilidad política, Benito
Chassériau pudo retomar las posesiones de
Santo Domingo en 1819”. Los archivos
eclesiásticos dominicanos de Samaná se
quemaron en uno de los dos grandes incendios
que consumieron el pueblo, pero la familia
se llevó el acta de bautizo del pintor,
texto que, traducido al francés, ha sido
publicado en Europa. Teodoro Chassériau
nació el 20 de septiembre de 1819 y fue
bautizado en Santa Bárbara de Samaná el 23
de noviembre de ese año siendo padrino y
madrina sus hermanos Federico y María
Antonieta (presumiblemente Adela), según el
certificado de bautizo. Actuaron como
testigos los ciudadanos franceses Juan
Ramírez y José Miranda. El sacerdote que lo
bautizó y emitió la certificación lo fue el
padre Francisco de Paula Mueses, párroco de
Samaná, quien según la historia dominicana
llegó allí en febrero o marzo de ese mismo
año. En 1819 Samaná contaba con 754
habitantes. Según Léonce Benédite, su lugar
de nacimiento fue “la propiedad materna de
Petit Toa”. Según informó Louis A. Prat al
autor, la familia Chassériau no dejó
archivos, pues de quemaron y Benédicte bien
puede haber oído el nombre “Petitoa”
expresado verbalmente por uno de los
descendientes. Inmediatamente al Este del
actual poblado de El Limón y después de
cruzar el río del mismo nombre existe la
sección de “Petitón, quien era dueño de un
horno para quemar pan con el cual alimentaba
a sus esclavos. En efecto, un memorial del
año 1800, descriptivo de la parte española
de la isla, de la autoría de un francés,
cita la existencia en la costa Norte de “un
puertecito más o menos a medio camino, en un
lugar llamado Limón, donde el ciudadano
Petitón comenzó algunos trabajos de
agricultura”. Otro memorial de 1801, también
de un francés, cita la “plantación
(‘habitation´) de Petitón en El Limón”.
Dominicanos que ostentan el apellido Petitón
nos confirman que descienden de un francés
quien para esa época se radicó en Samaná y
tenía esclavos. En 1819 entre un grupo de
habitantes de Samaná que firmaron un
documento político aparece J. Petitón, un
probable descendiente del primer Petitón.
Somos de opinión que los Chassériau Curet se
ubicaron en la propiedad de Petitón donde
nosotros descubrimos unas bases de piedra
que indican la ubicación de antiguas casas y
dos círculos concéntricos de piedras que
lucen tuvieron algún uso industrial, ya sea
un horno, un pozo o una despulpadora de
cacao. Se nos ha prometido una investigación
arqueológica para definir bien los restos de
la plantación. En ningún otro lugar en El
Limón existen bases de piedra de edificios
antiguos.
.jpg)
El retorno a Francia y la carrera diplomática
Poco después del
nacimiento del pintor, la familia Chassériau
abandonó Samaná para nunca más volver.
Teodoro viviría en Samaná sólo unos catorce
meses, ya que su padre explica que el 29 de
noviembre de 1820 vio llegar en Kingston la
fragata “Cleopatre”, la cual abandonó el 5
de diciembre, llegando a Brest el 9 de enero
de 1821. El cuarto hijo del matrimonio,
Alina, nació en París en 1822, no en 1821,
diez años, tan sólo nació el célebre pintor,
lo que hace pensar que durante esos años
Benito y su esposa vivieron separados, ella
tal vez en París o tal vez en El Limón,
manejando la finca. Sin embargo, dos hijos
murieron a muy temprana edad, pero no
sabemos las fechas. La madre tuvo pues siete
partos. Una vez en la capital de Francia el
ex soldado entró al servicio diplomático y
rápidamente se trasladó a Martinica, donde,
por instrucciones de Chateaubriand,
desempeñó dos misiones diplomáticas frente a
la Gran Colombia, visitando Cumaná y
Cartagena. En 1824 ya estaba de nuevo en
París.
En 1825 el ministro de la
marina rehusó darle un empleo. En 1832
Benito fue nombrado vicecónsul en Saint
Thomas donde ya había estado en 1827-28 y
1830, pasando en 1834 a Puerto Rico como
agregado en el consulado. En 1839 fue
nombrado cónsul de segunda clase en San
Juan.
En 1843, su hijo Teodoro,
ya un célebre pintor, escribió a la
chancillería pidiendo que su padre fuese
ascendido a la categoría de primera clase en
el consulado. En septiembre de 1844, poco
después de los dominicanos haber logrado su
independencia luchando contra los haitianos
que habían ocupado a Santo Domingo en 1822,
es decir dos o tres años después del
nacimiento del pintor, el cónsul francés en
Puerto Príncipe, Levasseur, muy conocido por
los historiadores dominicanos, escribió una
larga carta a sus superiores en París
contando sobre las faltas incurridas por el
cónsul Benito Chassériau y que podrían
resultar en un escándalo que Levasseur
quería evitar.
El padre el pintor no
había entregado una herencia de 2,000
gourdes a la Srta. Flette Ernue, que le
había dejado un francés con quien se había
casado en Haití, y con quien previamente
había tenido un hijo. Benito fue “sordo a
toda tentativa de mediación por parte de
Levasseur” y se suicidó ese mismo año. El
pintor, a quien su padre había escrito poco
antes, citaría cómo murió solo, acompañado
tan sólo por gente extraña. Teodoro moriría
en Francia en 1856, con apenas 37 años de
edad. Diez años después moriría su madre.
La bahía y península de
Samaná tienen un historial importante, lleno
de curiosas anécdotas, pero indudablemente
el período entre 1795 y 1819 fue el más
interesante de todos, y fue durante esos
conflictivos años que nació allí el célebre
pintor francés. Ocupación haitiana Dos años
después de la salida permanente de la
familia Chasséiau, los franceses residentes
en Samaná, con motivo de la declaración de
independencia de los dominicanos de
diciembre de 1821 que duraría muy poco y que
sería conocida como la Efímera y con el
apoyo de los españoles en Puerto Rico,
enviaron un emisario a Martinica para que el
almirante Jacob se trasladase a Samaná con
sus barcos y la ocupara y así ayudar a los
dominicanos quienes estaban frente al gran
peligro de una invasión haitiana.
Francisco de Paula Mueses,
el mismo sacerdote que había bautizado a
Chassériau en Samaná, también trató de
oponerse a la invasión haitiana. Jacob llegó
con sus buques, pero ante la presencia de
tropas haitianas y la amenaza del presidente
Boyer de matar a todos los franceses aún
residentes en toda la isla, optó por
retirarse, llevándose a algunos de los
colonos franceses. La ocupación haitiana
duraría veintidós largos años.
Uno de los primeros actos
de Boyer fue la construcción en 1822 un
fuerte en Los Cacaos, frente al cayo “del
Levantado”. Un documento haitiano de esa
misma fecha explica cómo en El Limón “se ha
visto al comercio ofrecer suministros a
grandes barcos y buques corsarios para sus
correrías”.
Para evitar eso los
haitianos construyeron en la boca del río
Limón un pequeño fuerte, con varios cañones.
En 1824 Boyer, el presidente haitiano, quien
controlaba toda la isla, negoció con
cuáqueros de Filadelfia, un grupo religioso,
el envío de unos seis mil esclavos libertos
norteamericanos a la isla, radicándose unos
doscientos de ellos en Samaná. Provenían de
Filadelfia.
Esto coincidió con la
fundación de la República de Liberia, en
África, también conformada por esclavos
libertos norteamericanos. El propósito era
establecer sociedades conformadas por
esclavos libertos y comandados por ellos
mismos. Estos ex esclavos pertenecían a la
Iglesia Africana Metodista Episcopal y de
esa forma surgió en la costa Sur de Samaná,
así como en El Limón, en la costa Norte, un
nuevo núcleo ético con apellidos ingleses,
angloparlantes y protestantes. En 1844 se
adherirían a la causa independentista y se
opondrían en 1861 a la anexión a España.
Sus fiestas religiosas
incluyen un culto anticiclónico )”storm
meeting”), fiestas de cosechas, “watch
nights”, etc. Aislada como estuvo Samaná,
este grupo se estuvo casando entre sí hasta
mediados de los años cincuenta del siglo XX.
Etnomusicólogos y expertos en el inglés de
los afro-americanos han estudiado a los
“americanos de Samaná” pues estos lograron
preservar sus costumbres durante décadas.
La ocupación haitiana
también resultó en el envío por parte de
Boyer de un grupo de haitianos a Tesón, al
Norte del poblado de Samaná y estos
conservaron su lengua cróele hasta mediados
del siglo XX. Un tercer grupo, inmigrante de
las islas Turcas, angloparlantes y
protestantes, también se radicó en Samaná.
Los esfuerzos por vender o
arrendar a Samaná Francia presionó a Boyer
para el repago de una deuda y como ya Haití
controlaba la isla entera el antes referido
cónsul francés Lavasseur surgió a su
gobierno negociar la península y bahía de
Samaná a cambio de una reducción de esta
deuda.
Para esa época de Había
localizado un depósito de carbón de huella
en costa Sur de la península, el cual podría
proveer de combustible a los barcos de
vapor, lo que incrementaba su valor. Una vez
los dominicanos obtuvieron su independencia
de Haití en 1844, fueron los propios
dominicanos quienes trataron de vender la
península y bahía ya fuese a Estados Unidos,
Inglaterra, Francia o España, a cambio de
algún tipo de protección contra futuras
invasiones haitianas.
Pero nada se concreto al
respecto pues cada una de esas potencias
bloqueaba los esfuerzos de las otras. En el
1851 un censo de la ciudad de Samaná
arrojaba 1721 almas entre las cuales había
trescientos ex clavos americanos y sus
descendientes. El resto eran dominicanos de
origen francés o español. Sir Robert
Schomburgk, el cónsul ingles, visitó la
bahía en el 1853 lo que resulto un largo
reporte y un muy detallado plano.
El cónsul explico como el
Lidon era el lugar donde se unían todos los
caminos para proseguir hacia Matanzas, San
Francisco de Macorís, etc. Agrega que en la
desembocadura de río Limón todavía estaban
tres cañones, pero estaban desmontados. Fe
el primero en reportar los yacimientos
arqueológicos y las pinturas rupestre en las
cuevas los Haitises, cerca de Sabana de la
Mar.
Se sorprendió de que cerca
del poblado de Samaná le hablaron en inglés,
español y francés. La anexión a España Con
motivo de la anexión de la Republica
Dominicana a España en 1861, buque a
españoles se trasladaron a la bahía y
efectuaron sondeos y fortalecieron las
instalaciones en Cayo Levantado, Samaná y
Los Cacaos.
Un reporte de un oficial
español explicaba cómo en el pueblo de
Samaná había entre trescientos y
cuatrocientos personas”siendo en la mayor
parte negros de la Florida (sic),
descendientes de haitianos y, por rareza,
algún blanco”.
Otro reporte estimaba unas
dos mil almas “entre francés, canarios,
negros de florida(sic) y haitianos y viven
todos en las mas lastimosas ignorancias y
holgazanería “. Los españoles construyeron
el poblado del Cacaos.
Durante la anexión
visitaron a Samaná el general Máximo Gómez y
Antonio Maceo. Ambos luego desempeñarían un
extraordinario papel en la hazaña
independentista cubana contra los españoles.
Cuando los dominicanos derrotaron a las
tropas españolas y lograron la restauración
de su independencia, los esfuerzos de los
dominicanos por arrendar o vender la
penínsulas continuaron.
En el 1867 una alta
delegación dominicana visto el país con
miras a comprar o arrendar Samaná el año
siguiente se arrendó Samaná a los
norteamericanos por US$2 millones, pero el
gobierno dominicano que firmó el acuerdo
pronto fue derrocado, por lo que el acuerdo
devino inválido. El año siguiente el
presidente Buenaventura Báez firmó un
tratado de anexión con Estados Unidos bajo
el cual Washington podría tomar control de
la bahía de Samaná, lo que hizo ese mismo
año. Pero gracias a la oposición del senador
Charles Sumner, el acuerdo fue rechazado en
1870 por Congreso norteamericano.
El año siguiente el
gobierno de Washington decidió enviar a
Santo Domingo una “comisión de
investigación” para determinar si los
dominicanos favorecían o no la anexión de su
país a Estados Unidos. Esa comunicación, que
incluía científicos, periodistas y
dibujantes, además de importantes
personalidades políticas, visito Samaná
donde se hicieron los primeros dibujos de su
ciudad que han sobrevivido el tiempo.
Ese reporte dio gran
importancia a la bahía por su valor
estratégico. Fue descrita como una que
podría convertirse en “la principal estación
naval de Estados Unidos en las Antilla”. Los
miembros de esa comisión reportaron que en
la costa Norte de Samaná tan sólo en las
bocas de los ríos San Juan (en El Valle) y
en El Limón “aparecen unas cuantas viviendas
de los nativos”.
En el mes de mayo las
tortugas salían a poner sus huevos en la
playa de Matanzas. Las ballenas visitaban
los bajos de Jackson, al Oeste del actual
Cosón. En ese mismo año de 1871 visitó
Samana el escritor y dibujante Samuel
Hazard.
En su obra Santo Domingo,
pasado y porvenir, explica como en el pueblo
de Samaná tan solo vivian entre ochocientos
y mil almas, la mayoría de raza negra,
llegados allí por voluntad propia como
descendientes de los esclavos libertos
norteamericanos. Ese plan de anexión fracaso
y por eso en 1872 la bahía fue arrendada a
un grupo de capitalistas norteamericano
recibiendo el Estado el pago de su primera
anualidad en el 1873, paro al año siguiente
el otro gobierno de Báez fue derrocado y
como los capitalistas no sabían a que
gobierno sucesor pagarle la próxima
anualidad, eso fue aprovechado por los
dominicanos para cancelar el contrato por
haber sido violado. En el 1881 un barco de
marina norteamericana efectuó un sondeo
hidrográfico de la bahía citando la
abundancia del tiburón y del pez espada.
En 1892 Ulises Hereaux
(“Lilis”) trato de arrendar la bahía a los
norteamericanos, pero su publicidad negativa
previa a la firma imposibilito la
transacción. El ferrocarril En
1869 el gobierno dominicano otorgó la
primera concesión para el establecimiento de
un ferrocarril entre Samaná y Santiago, pero
no sería hasta 1882 cuando se comenzaría su
construcción, iniciado las operaciones en
1888. para esa época era el principal medio
para exportar la producción agrícola de
Cibao.
El lugar denominado “Las
Cañitas”, hoy el poblado Sánchez, sería el
punto del llegado del tren. Allí se
construyó un muelle donde llegarían los
buques para recibir principalmente café y
cacao. Eso estimulo la migración de
sirio-libaneses e italianos a Sánchez y a
Samaná. El ferrocarril era administrado por
ingleses y escoceses y por eso se construyo
un cementerio en Sánchez para ellos.
Sus lápidas hoy día
lamentablemente han sido tapadas por
viviendas construidas encima de ella.
Durante algunas años Sánchez fue uno de los
centros más cosmopolitas del país, dadas la
presencia de tantas extranjeros. El
ferrocarril dejó de operar alrededor de
1966. Los estudios arqueológicos
Las cavernas e islas de Los Haitises en la
costa Sur de la bahía poseen importantes
dibujos y esculturas de los indios taínos,
así como enterramientos. Después de
Schomburgok en 1853, otro que investigo allí
fue Alph M. Pinard, en 1881. Precisamente el
padre de la patria de Cuba, José Martí, dos
días antes de salir de Montecristi,
República Dominicana, hacia Cuba en un
pequeño barco, escribió en su diario que
otro cubano le había descrito las cuevas de
San Lorenzo y los fantásticos dibujos de los
indios.
Cuarenta y nueve días
después de ese apunte Martí murió luchando
contra los españoles en Cuba. Entre 1916 y
1924 la República Dominicana fue ocupada por
los infantes de marina de Estados Unidos,
bajo el alegato de que tenían que asegurarse
de que el pías pagase su deuda a creedores
norteamericanos y protegiese a los
norteamericanos residentes en el pías. Haití
fue ocupadas por los mismos militares entre
1915 y 1934 bajo idénticos argumentos,
aunque la verdadera razona fue que el canal
Panamá se acababa de inaugurar y se temía
que los alemanes, en ese momento en guerra
con los Estados Unidos, utilizasen su
influencias comerciales para controlar ambos
lados de la isla. Durante ese periodo la
marina norteamericana sondeó la bahía y
preparo planes para defenderlas de un ataque
alemán.
Se colocarían caños en
cayo Levantado y en los Cacaos para así
bloquear al acceso a través de la única
entrada de aguas profundas con que cuenta la
bahía. Entre 1930 y 1961 el país fue
controlado por el cruel dictador Rafael L.
Trujillo quien promovió las minas de mármol
al Este de la ciudad de Samana, ciudad que
fue muy afectada por un fuego en 1946.
Trujillo era muy anti-haitiana y cambió
mucho de los nombres de lugares en la
península pensando que eran nombres
haitianos, cuando realmente eran franceses.
También prohibió a los
descendientes de haitianos de Tesón hablar
cróele entre ellos. En 1966 llegó al poder
Joaquín Balaguer, un intelectual quien había
servido a Trujillo y quien había estudiado
en la Sorbona. Inspirado por el proyecto de
la ciudad Napoleón de Ferrand, ordenó
destruir todas las muy bellas y atractivas
casas de modera de la ciudad de Samana,
contemporáneas con las que todavía, por
suerte, en la ciudad de Sánchez.
Tan sólo la muy fuerte
oposición de los descendientes de los
esclavos libertos norteamericanos logró que
su venerable iglesia de madera quedase
intacta. Las viejas casas fueron sustituidas
por modernas viviendas y edificios de
concreto, de poco atractivos para los
turistas. Balaguer también construyó un
hotel en Samaná y otro en cayo Levantado,
así como un muy poco utilizado puente
peatonal que comunica a un promontorio al
Oeste de la ciudad Samaná con un cayo que le
que da al frente.
Cuando se pregunto a uno
de los ingenieros el por que del dispendio
en una obra tan poco útil, respondió que en
el plano de la “ciudad Napoleón” de Ferrand
aparecía ese puente. Sin embargo, allí tan
solo aparece una indicación de entre esos
dos puntos hay corales, lo que dificulta la
navegación, como lo dificulta, según el
mismo plano, en otros lugares de la
ensenada. Balaguer también ordeno la
construcción de un aeropuerto al Oeste de la
ciudad de Samaná el cual, lamentablemente,
nunca podrá recibir vuelos internacionales
por lo corto de su pista.
También construyo un
muelle el cual, al igual que el aeropuerto,
ha tenido poco uso. A partir de los años
ochenta el turismo internacional comezón a
llegar a la península, convirtiendo lugares
como Las Terrenas, Portillo y las Galeras en
centro muy cosmopolitas, donde viven el año
entero cientos de europeos.
En las terrenas, por
ejemplo, en la escuela Teodore Chassériau
unos cientos estudiantes europeos reciben
clases exclusivamente en francés. Al momento
de escribirse estas líneas en el 2004 se
esta construyendo tanto un aeropuerto
internacional al Oeste de Sánchez como una
pista que permitirá el traslado desde la
ciudad de Santo Domingo a Sánchez en menos
de dos horas.
Ambos concesiones privadas
estimularan mucho turismo en una región cuya
historia ha sido tan interesante y tan
vinculada a una Europa de donde provienen la
mayoría de los turistas de hoy día.
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